Opinión
Al
analizar un poco la contienda electoral, sin mucho esfuerzo nos damos cuenta de
que, al igual que en el plebiscito por la paz estamos divididos. Votar por
cualquiera de las opciones que nos ofrecerá el tarjetón el próximo 17 es elegir
el mal menor. Tenemos dos caminos: uno de ellos es una vía silenciosa que ya
venimos caminando desde hace más de dos décadas y que nos seguirá llevando a la
pobreza y a la inequidad sin que nos sigamos dando cuenta. El otro camino no es claro, no sabemos para
donde nos llevará, pero es seguro que no será a convertirnos en una nación más pobre
de lo que está proyectado para los siguientes cuatros años. Lo cierto es que si
tomamos este rumbo se marcará un precedente histórico que evidenciará la
realidad de este país.
No
escribiré sobre propuestas porque no son más que eso: propuestas. Escribiré
someramente sobre las razones que me inclinan a elegir entre el cáncer que
representa Duque y la quimioterapia que representa Petro. Por un lado, el
cáncer que ha invadido a Colombia desde hace mucho tiempo es una enfermedad que
mezcla el odio, el egoísmo y la ignorancia y que, más tarde que temprano, nos
alcanzará a todos los que estamos ubicados en el órgano vital de la clase media
y baja. Este mal se ha venido
manifestando en síntomas fáciles de detectar como por ejemplo el risible
salario mínimo, la disminución de derechos para los trabajadores, el empleo
informal, el plan de extinción de la educación púbica superior, el pésimo
sistema de salud, el desastroso sistema de educación, por nombrar algunos… No
quiero deprimirme antes del domingo.
Por
el otro lado está la quimioterapia, tratamiento muy doloroso, pero necesario
para que el paciente se recupere y que, así como puede salvarlo, puede acelerar
su muerte si no se cumple meticulosamente con las indicaciones médicas. Si el
tratamiento no funciona muchas veces es porque el paciente ha perdido las ganas
de luchar, de reconciliarse en el dolor consigo mismo, de vivir. Por eso es
necesario que el país se una por una misma causa, por unos mismos ideales y
crea en el tratamiento de lo contrario su padecimiento lo llevará a una agonía
larga y muy dolorosa. Lamentablemente es muy probable que esa unión no se dé
porque el cáncer que toleramos desde hace tantos gobiernos es tan fuerte que ha
multiplicado sus células cancerígenas en casi todas las estructuras sociales
generando rencor y deseos de venganza que, en lugar de consolidar la paz,
agravan aún más la situación. Ellos, (políticos, medios de comunicación y
pueblo ignorante de su historia) sabotearán el tratamiento y no permitirán que salga
de cuidados intensivos nuestra enferma Colombia. Los promotores del cáncer se
valdrán de artimañas como engañar y oponerse a la medicina que con paciencia el
país debe tomar; porque lo único que les interesa a ellos es arrasar con la
salud del paciente en el que viven. No les importa que muera pues ellos ya
tienen asegurada su existencia lejos, en otro cuerpo.
Ojalá
tuviéramos más sentido de pertenencia por este cuerpo con el que hemos sido
bendecidos, tan bello y tan espectacular que responde al nombre de Colombia y
que, por estar tan “buena” y estar tan “rica” ha sido vendida por nuestros
dirigentes para que trabaje de prostituta y así, quede indefensa para que la
violen y la roben (y con ella a todos nosotros). Estamos jodidos, además de
estar enfermos de cáncer, también nos roban y nos violan. Los exámenes de
medicina legal muestran restos de esperma de un tal E.E.U.U y las
investigaciones que se adelantan tienen como “presuntos cómplices” a unos
señores de apellidos Gaviria, Pastrana, Uribe y Santos. Pero lo más triste de
todo es que nos acostumbramos a vivir en la prostitución y la gran mayoría de
las células de Colombia quieren que la Madre Patria trabaje en un burdel que
queda a la derecha de la calle Corrupción, el mismo burdel que elegimos cada
cuatro años.
Es
indignante lo que sucede por estos días en el cuerpo en el que vivo y aunque sé
que soy solo una célula de este cuerpo, sé que hay muchas células como yo que
apuestan por una recuperación a largo plazo y no por una lenta y dolorosa agonía.
Hoy solo tenemos una oportunidad para intentar salvarnos, un médico que, aunque
no es el mejor, tenemos que creer en él, más por fe que por convicción.
Creer
en Petro representa un salto al vacío que sin duda dejará el precedente de que
el colombiano promedio se cansó de tanta basura e injusticia social, es un
salto de valentía por parte del votante para creer en que se puede alcanzar un
país que reduzca en algo la desigualdad social, es la oportunidad para desafiar
el destino que nos tienen trazado y que a diario nos quita oportunidades de
progreso y la oportunidad de que tomemos las riendas de nuestra amada Colombia.
Petro no es quizá el candidato que represente el sentir de la mayoría de
nosotros, tampoco lo es Duque, pero el primero genera en mí algo de esperanza.
@mariocesarherediaescribe